VIVIR CON ANSIEDAD

09.07.2018 23:05

Todos conocemos alguna persona que padece ansiedad, pero ¿estamos al corriente de cómo percibe la vida? ¿Sabemos cómo tratarla en los peores momentos? Para contestar a estas preguntas os traemos un relato de una persona que la sufre. Nos cuenta sus experiencias en el aspecto mental, físico y social. Con esta historia lo que busca es hacer ver cómo se siente para que las personas que nunca la han padecido sean más conscientes de esta la realidad. Nos ha comentado que va a trabajar para reducir o hacer desaparecer la ansiedad con diferentes terapias y disciplinas y que cuando llegue el momento volverá a contarnos su proceso de superación.

Ella prefiere mantenerse en el anonimato y nosotras lo respetamos. Esperamos que remueva conciencias y que ayude a entender más y mejor la situación a la que se enfrenta cada día una persona que sufre TAG (Trastorno de Ansiedad Generalizada). ¡Ánimo y mucha fuerza a todas ellas!

Esta es su historia:

Cuando tienes ansiedad el mundo ya no te parece un lugar agradable donde vivir, ni tu casa, ni habitación, ni la calle, ni reuniones con amigos. Estás mal en todos lados. Si estás en un sitio crees que si te fueras a otro estarás mejor, es como una incómoda búsqueda incesante, no sólo por estar feliz, si no por escapar del sufrimiento, malestar que se siente cuando tienes ansiedad.

Esta búsqueda te agota y desespera, lo cual incrementa el malestar. Si eres listo te darás cuenta que en realidad no tienes que cambiar de lugar o situación (que también), si no cambiarte a ti misma, cambiar tu interior, volver a lo que eras antes y en el mejor de los casos aprender de lo que te está pasando y ser mejor persona en todos los niveles.

Y si, muy bien, esto ya lo sabes, ¿y ahora qué? Sigues con la búsqueda agotadora y desesperante. Te esfuerzas por contrarrestar los cientos de pensamientos negativos que tienes al cabo del día, mejor dicho minutos, sin ver resultados, sólo sirve para demostrarte, una vez más, que no eres capaz, lo cual hace caer en picado tu autoestima y la percepción que tienes de ti misma: “no soy capaz de “vivir” y si no soy capaz de eso, ¿qué hago yo en este mundo?”.

No es que se tengan pensamientos suicidas, pero sientes un vacío enorme. Si a esto le sumas la incomprensión de la gente, te sientes todavía peor. Piensas que tal vez crean que estás loca, que se te está yendo la cabeza. En otras percibes su falta de empatía para no implicarse en aquello que te ocurre, imagino que los motivos serán varios: no saben cómo ayudarte o simplemente no quieren molestarse en hacer el esfuerzo por ayudar a alguien cuyos problemas sólo están en su cabeza y no van a malgastar tiempo de su vida como precisamente estás haciendo tú.

Por otro lado, el hacer las tareas cotidianas que antes hacías sin ningún esfuerzo, ahora se vuelven complicadas, complejas y casi sin sentido: tú no te levantas de la cama, haces la comida o ves la televisión porque te apetezca, sino porque se supone que es lo que hay que hacer. Dudas de todo. Como nada de esto te llena, ni te ayuda (por lo menos es como así se ve), tiendes a las conductas autodestructivas que aunque no te hacen bien, las sabes hacer y te da un cierto aire de control sobre tu vida (que es lo que nos hace falta). Estas conductas son fumar, encerrarse en la habitación, intentar y digo intentar dormir… Entonces, llega un punto en que dejas de ser tú, ni te reconoces. Nada te hace reír, nada te motiva y nada tiene sentido. Tú que antes  reías con todo, disfrutabas de estar con la gente, tenías hobbies, objetivos, proyectos…Te preguntas: ¿qué ha pasado? La respuesta a esto la sabes, pero te fastidia comprobar cómo esos problemas o circunstancias han podido contigo, con tu moral, con tu alegría de vivir. Te da envidia que las demás personas puedan y sepan disfrutar, “¿cómo lo harán?...Bueno, tú antes lo hacías”, te dices a ti misma.

Luego están las sensaciones corporales. Te pasas el día con el corazón a mil por hora, estás agotada porque no duermes ni descansas bien, te sientes aturdida, es una mezcla de tener sueño y estar nerviosa a la vez. Esto te hace alejarte de la gente porque te cuesta hacer planes, seguir conversaciones y lo más importante, disfrutar.

Sólo quieres estar bien.

Hay momentos, minutos o incluso sólo segundos que te vienes arriba y te entran ganas de hacer “cosas”, de vivir, pero al segundo o minuto siguiente tu mente te recuerda que no merece la pena, que es mejor que vuelvas a tu estado de alerta en el que te mantiene tu ansiedad porque así nada te podrá hacer daño. Irónico pero es así.

Uno de los peores momentos del día es el despertar, cuando nada más ser consciente de que estás en este mundo, ya notas los músculos tensionados y el corazón acelerado sin saber por qué y ahí surge la duda: ¿cómo voy a hacer frente a este día? Para la persona con ansiedad los segundos se vuelven minutos, los minutos horas y el día se convierte en una sucesión de horas interminables. Esto nos sucede por el anhelo de querer estar bien.

Te dicen:”sal, diviértete, haz cosas que te gusten”, pero no entienden que ya no sabes, que se te ha olvidado cómo divertirte o que el hecho de emprender cualquier tarea, desata tu ansiedad. Entonces te aíslas más para no “soportar” los consejos de las personas, que aunque tú sabes que lo dicen por tu bien, te supone un sufrimiento al ver que no puedes y en ocasiones también te aíslas de las personas que más te quieren para no hacerlas sufrir a ellas con esto que te está pasando.

Son infinitos pensamientos, sentimientos y comportamientos que sólo entiende una persona que padece o padecido ansiedad.

Por poner una nota de esperanza, diré que de esto se sale, se supera, pero mientas tanto lo que buscamos es estar tranquilas, un abrazo sin pedirlo, tener a alguien ahí que no nos juzgue, sólo que nos acompañe en este trance y que nosotras sintamos que lo hacen porque de verdad quieren hacerlo y no porque se sientan obligadas.

                     

 

Contacto

Jessica Pedrero Gómez: Socióloga, Especializada en Psicología Social, Experta en Coaching Personal y Monitora de Mindfulness y Risoterapia.

Nuria Motis Boix: Trabajadora Social, Especialista en Arteterapia y Creatividad, Máster en Coaching social para la Motivación y los Procesos de Cambio y Monitora de Musicoterapia.

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